martes, 25 de marzo de 2014

TIEMPO, por Paula Peralta

TIEMPO
Paula Peralta
El constante latido del mundo deja anonadado a gran parte de la humanidad, que intenta adecuar sus pasos al ritmo de este en una polca imaginaria. El se frena sin entenderse, cambia el pie y el sentido de la saeta e inicia una nueva coreografía. La hace lo mismo, paralelo y simétrico recorrido. Huella sobre huella. Como un viejo reloj de pared holandés, con autómatas descarriados, el puente no les entiende tampoco. La tira de la aguja que, maliciosa y dictatorial, retenía su pelo en un moño clerical, caminando bajo la lluvia. Lo hacen, eso es todo.
 El atraviesa las dunas borrosas de su sol de domingo. La entra por la aurícula y mira abajo al darse cuenta de que sus zapatos se han dado un baño en un charquito ermitaño que huye por el borde del puente y no desemboca en el río. Los pies de El son inundados por un agua que acaba de llegar. Se aparta para no mojarse, aboca los ojos en él. Mira sus ojos grises.
Cuando los suspiros levantan la cabeza han olvidado por qué se dieron la vuelta. La saeta se cuela de nuevo en el pelo de Ella que acelera el ritmo para reencontrase con el latido constante y mundanal que maneja el flujo de la arteria principal de su ciudad, a punto para retomar el baile.
 Sería una estupidez explicar que al asomarse un charco, espejo y ventana, pudo enmendarse la desmedida lluvia que la había acechado todo el día. Pero ella supo entonces que el latido mundanal que nos sigue se demedia por tiempo y contratiempo y que la batuta la llevaba recogida en el pelo y no al revés. De lo que nunca estará segura es de quién fue la figura que se reflejó en el charco.


Paula Peralta Pozanco (Mequinenza). Estudiante de secundaria por poco rato más. Suele escribir cuando respira, con gafas de cineasta. Creacionalmente puesta. Afiliada a la lectura pasadas las doce de la noche. Aunque odia el café, ha reflexionado mucho en él. Ha escrito una novela, y pretende escribir más.

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